jueves, 4 de agosto de 2016

SARAH McKENZIE: LA BELLEZA Y DULZURA DE UNA DIVA.


La pianista y cantante australiana, afincada en Paris, ofreció un concierto digno de las grandes voces femeninas del jazz arropada por unos músicos de probada calidad y solvencia. Después, un río de góspel inundo el auditorio de Jazz San Javier, con The London Community Gospel Choir, que registró otro de los llenos de la XIX edición.

La pianista,cantante y compositora australiana Sarah McKenzie.
La penúltima jornada de Jazz San Javier no preveía, sobre el papel, el lleno que registró el auditorio del Parque Almansa. Sí una masiva asistencia, pero no un lleno. Y es que nunca llegaremos a comprender muy bien las preferencias de los aficionados o, simplemente, del público consumidor de conciertos de música. Y lo ocurrido el pasado viernes, 29 de Julio en ese auditorio fue una auténtica sorpresa; tanto en lo musical, como en asistencia de aficionados. En el programa se anunciaban los conciertos de la pianista, cantante y compositora australiana, afincada en Paris, Sarah McKenzie; una de las jóvenes voces del reciente jazz vocal, que ha cautivado ya a todo aquel que ha tenido la fortuna de escucharla. Sarah McKenzie posee una dulzura y belleza natural que le acompañan en sus conciertos como un valor añadido al musical, que raya a una excelente calidad y miras de cara al futuro. En la segunda parte de esa jornada, nos llegaba desde Londres el Coro de la Comunidad Gospel de la ciudad londinense que está considerado como uno de los más potentes y prestigiosos del mundo. No en vano, han realizado grabaciones y actuaciones junto a voces de primer orden como Sting, Tina Turner o Eric Clapton por citar unos pocos. Su visita venía acompañada por un quinteto de músicos que junto a las ocho voces del coro ofrecieron un concierto festivo, participativo y de muy alta calidad musical. 

Jo Caleb acompañó a McKenzie en dos temas que interpretó sin piano.
La pianista, compositora y cantante australiana Sarah McKenzie llegaba por primera vez a Jazz San Javier avalada por las buenas críticas que ha recibido desde que publicó su primer disco y los caza talentos del género volvieron rápidamente su mirada hacia esa voz. Sarah McKenzie te atrae inmediatamente que la escuchas, porque su voz posee ese imán misterioso que todas las divas del jazz vocal han tenido para convertirse en estrellas y grandes damas del género. Su aparición en el escenario ya nos mostraba un toque de elegancia y saber estar, con una Sarah ataviada en un vestido recto blanco, su bolso tipo cartera en la mano izquierda portado con un cierto estilo parisino (seguramente aprendido desde que reside allí) y una simpatía natural que solamente por ello, ya te deja atento a lo que pueda suceder en los siguiente minutos a su alrededor. 

Su concierto comenzó con una pieza escrita por la propia McKenzie titulado “Onwards and Upwards” que, en efecto, fue una primera demostración de la calidad que atesora esta cantante y pianista arropada por tres músicos de probada calidad como son el guitarrista Jo Caleb; Pierre Boussaguet, en el contrabajo, y el baterista (muy fino, por cierto) Marco Valeri. Un cuarteto que funciona como un reloj suizo llegado desde Paris y con una voz que destila un claro tono añejo para darle la fuerza precisa en la interpretación vocal para el jazz. 


El contrabajista galo Pierre Boussaguet.

Sarah McKenzie se ha confesado admiradora y seguidora de esas voces de antaño subrayando que, efectivamente, tiene ese toque porque fue escuchando a Oscar Peterson cómo se interesó por esta música y haciendo lo propio con voces como la de Dianne Reeves o María Schneider, cómo aprendió a modular su voz para interpretar jazz. Así que, como se suele decir, más vale la muestra que las palabras y Sarah McKenzie comenzó a desplegar sus potenciales a través de piezas que, la mayoría de ellas, conforman su último disco aparecido en los mercados en 2015 y titulado “We Could Be Lovers”, que cantó después de “I Won’t Dance”. 

El baterista italiano Marco Valeri posee gran delicadeza para tocar.
Con esas cuatro canciones, la voz de Sarah McKenzie ya había conquistado al público que llenaba el auditorio del Parque Almansa. Y no es de extrañar porque desprende dulzura y juventud con ese toque, como indiqué, de añejo que la hace muy atractiva. La cantante domina bien la escena y sabe llevar muy bien sus actuaciones dando, en cada momento, el clímax que las reacciones del público demandan. Y las del auditorio de San Javier pedían “That’s It I Quit”, para continuar con “Don’t Tempt Me”, una pieza que suena al jazz vocal de los años 50, o adentrarse con absoluta autoridad en los terrenos del blues con “I Got The Blues Tonight”. 

El público la ovacionaba intensamente que atónitos muchos de ellos, no podían creer la calidad de lo que estaban presenciando a pesar de la juventud de su protagonista. Y es que Sarah McKenzie se ha convertido en uno de los valores en alza del jazz vocal interpretado por cantantes noveles y jóvenes. Además de cursar sus estudios y graduarse en el prestigioso Berklee College of Music, de las experiencias vividas en Boston y otros lugares del Planeta, el fijar su residencia en Paris le ha sumado un plus que no todos adquieren. París es una ciudad de artistas en muchas disciplinas, pero desde hace muchos años también es una ciudad de jazz y eso se nota en Sarah McKenzie que ha incorporado a su estilo el modo de vida parisino. 

Sarah McKenzie interpretó dos temas con el sólo acompañamiento del guitarrista Jo Caleb.
Para continuar, los demás músicos abandonaron el escenario salvo el guitarrista Jo Caleb, que comenzó a tocar unas notas del compositor español Albéniz para, inmediatamente, hacerlo con las primeras notas del inmortal “Moon River” que creara Henry Mancini para la película “Desayuno con Diamantes” (título en España cuyo original era “Desayuno en Tiffany”, la famosa joyería neoyorquina y la más prestigiosa de todos los Estados Unidos), que Sarah interpretó con una maestría y sencillez envidiable. 

La belleza y dulzura de una futura diva del jazz vocal.
Y después de este regalo tan delicado, el concierto encaró su recta final con otras canciones que aparecen en su más reciente disco, aunque no solamente en él. Piezas como “Love Me Or Leave Me” (de su primer disco en 2011 compuesta por la propia pianista), “Quoi, Quoi, Quoi” (un bossa precioso), una increíble versión de “At Last” el éxito que logró la recordada Etta James, o “The Lovers Tune”, de su anterior disco, con el que finalizaba su concierto en esta su primera visita a San Javier. 

El público la aclamaba puesto en pié, mientras Sarah McKenzie y sus músicos saludaban al respetable y la organización le obsequiaba con un ramo de flores. Tanto insistió el auditorio que Sarah McKenzie regresó al escenario acompañada de su guitarrista, Jo Caleb, para realizar una soberbia interpretación de una pieza escrita por los hermanos Gershwin titulada “Embraceable You” con la que, ahora sí, se despedía de Jazz San Javier. La verdad es que fue un concierto memorable que ha quedado, creo, en la memoria de muchos de nosotros. La veremos convertida en toda una diva del jazz vocal. 

El cuarteto de Sarah McKenzie en plena actuación.
La segunda parte de esta antesala de clausura estaba dedicada al góspel, una especialidad que nació en las iglesias de los negros norteamericanos y que, a fecha de hoy, se ha ido adaptando a los tiempos logrando diversificarse y conseguir ser un género con éxito. Les parecerá increíble, pero así fue como resultó el concierto ofrecido por uno de los más prestigiosos del mundo: The London Community Gospel Choir. 

Las ocho voces que conformaron este coro en su concierto de Jazz San Javier.
Este coro está considerado el más prestigioso de Europa, aunque también del resto del Planeta. Con un total de diez discos en el mercado y la veteranía que les da el haber grabado  con voces tan prestigiosas como Elton John, Sting o Madonna, la Comunidad del Coro de Gospel de Londres posee una dilatada historia de más de tres décadas ofreciendo conciertos, participando en las grabaciones de esas destacadas voces de las que he hecho mención y siendo un referente coral para los músicos en general. 

Keshia Smith, Neresa Maye y Connie Young. 
La formación que presentaron en San Javier difería un poco de la que se anunciaba en el programa y estaba conformada por las voces de Keshia Smith, Neresa Maye, Connie Young, Nathan Gardener (la única voz masculina), Josephine Nugent, Rebecca Thomas, Cristina Metowu y Annette Bowen. A este fabuloso octeto de voces se unían el director, pianista y voz Bazil Meade, Andrew Smith a la guitarra, Ayodele Oyerinde en los teclados, el bajista Anthony Williams y Leo Meade, en la batería. El conjunto de estos trece músicos es espectacular, tal y como indica el contexto de la palabra. Porque su puesta en escena y desarrollo es eso, un espectáculo en toda regla que atrapa al más soso del lugar. 

Después de Connie Young, Nathan Gardener la única voz masculina. A su izquierda Josephine Nugent.
“Praise The Lord” fue el comienzo de todo un desfile de temas que fueron inundando, paulatinamente, al público que asistía al concierto y al que canción tras canción, The London Community Gospel Choir fueron atrapando y convirtiéndolo en parte de esta comunidad coral. Después llegarían más temas tradicionales como “Going Up Yonder”, “Everlasting God”, “Devoted”, “This Little Light/Amen” en la que Bazil Meade ya buscó la participación directa de los asistentes bajando al foso y moviéndose entre el público con un micrófono, para hacerles cantar y participar como si fueran parte del grupo. Y “Precious Lord Take My Hand”, que terminó con un auditorio puesto en pie y aplaudiendo sin cesar ese espectáculo.

A la izquierda, Josephine Nuget. A su lado, Rebecca Thomas y le sigue Cristina Metowu. 
Y entonces llegó un pequeño homenaje a The Beatles, con temas tan señeros como “Let It Be”, “I’ll Get By With A Little From My Friends” y “We Can Work It Up” que animaron todavía más a un público que bailaba, aplaudía y coreaba sin cesar todas y cada una de esas canciones del cuarteto de Liverpool.

Junto a Cristina Metowu, a la izquierda de la imagen, Annette Bowen.
Hay dos películas que cuentan la historia de una estrella de Las Vegas, que huyendo de un gánster se refugia en un convento de monjas. Una vez allí observa que el coro de religiosas era muy soso y decide cambiarlo de arriba abajo, para hacerlo más atractivo y llenar con ello la iglesia. En la segunda película, esa estrella del espectáculo es demandada de nuevo por la comunidad religiosa para que se haga a cargo de la clase de música. El papel de esa estrella en el convento es la hermana Marie Clarence, que logra de ese coro escolar que sea uno de los mejores de Estados Unidos.  Pues ese papel, exactamente, es el que llevó a cabo Rebecca Thomas colocándose frente a sus compañeros y dirigiéndolos, a ellos y también a los músicos, en algunas de las canciones que siguieron conformando este concierto tales como “My Soul Says”, “I Found The Answer”, “Happy Are The People”, “Long, Long Lonely Journey” o “Beggy, Beggy”, cuyos solistas se iban alternando de entre las ocho voces.

Rebecca Thomas, de espaldas al público, dirigiendo a sus compañeros.
El grupo de músicos que acompañan a estas voces.
El bajista Anthony Williams.
Y el final no podía ser de otra manera que con un icono que todo buen coro que se precie debe incorporar a su repertorio: “Oh Happy Day”, en una versión personal de The London Community Gospel Choir, que provocó un estallido general del auditorio, puesto en pie desde hacía tiempo atrás, aplaudiendo sin cesar a esta maravillosa comunidad coral con base en Londres.

Bazil Meade animando al público a cantar y participar.
Una muestra de cómo se encontraba el auditorio de público.
El público no quería marcharse sin que les regalaran un bis. Naturalmente que estaba previsto; regresaron al escenario y Annette Bowen tomó el micrófono para convertirse en la solista que iba a dirigir “Faith”, en otra versión “made in London Gospel Choir” que derribó al personal. Fantásticos y decisivamente pletóricos los componente de The London Community Gospel Choir en esta su primera, y exitosa, visita a Jazz San Javier, que despejaron todo tipo de dudas sobre los recelos, pequeños o mayores, que algunos podían tener sobre el góspel.

En resumen, una jornada redonda con un lleno total del auditorio Parque Almansa con una primera parte a cargo de Sarah McKenzie, que a través de su dulzura y belleza nos atrapó en su jazz añejo a pesar de su juventud. Será una gran diva del jazz vocal. La segunda parte se convirtió en una gran y sensacional fiesta coral, en la que The London Community Gospel Choir nos hicieron cantar, bailar, aplaudir y cambiar prejuicios que sobre el góspel, algunos pudiéramos tener. Loa jornada de cierre será, sobre el papel, una gran noche de jazz con dos nombres de peso en el género: El pianista y Patriarca de la familia, Ellis Marsalis, y el cantante Kevin Mahogany, al que se entregará el segundo de los dos premios del festival concedidos para esta edición. Estoy convencido de que será una jornada inolvidable. Les contaré todo lo que ocurra.

Las fotos son obra de Goio Villanueva. 

The London Community Gospel Choir al completo.

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