viernes, 29 de julio de 2016

FLAMENCO FUSIÓN Y EL ARTE DEL ARCO, FRENTE A LA MISTERIOSA IMAGEN DE MELODY GARDOT

El pianista Dorantes, el contrabajista galo de origen español Renaud García-Fons y la cantaora Esperanza Fernández regalaron una fusión de duende, embrujo y capacidad musical de muy alto nivel, en el que la fusión de rondeñas, soleás o garrotín con el jazz y toques de clásica resultaron un concierto único y grande, como los cantes. Después, una misteriosa cantante de Philadelphia y ciudadana del mundo, Melody Gardot, nos llevó por caminos sinuosos hasta alcanzar su plenitud y la aceptación del auditorio que la aclamó sin reservas.

Dorantes en su regreso a San Javier, con su nuevo proyecto "Paseo A Dos".
Les confesaré antes que nada, que cuando se presentó el programa del XIX Jazz San Javier y leí que regresaba el pianista español Dorantes me alegré mucho. La razón la tendríamos que buscar en su primera visita, allá por la edición XV correspondiente al año 2012. Aquella noche del 21 de Julio quedó en mi memoria, porque nunca antes de entonces había escuchado un piano tan libre, inquieto y versátil como el de David Peña Dorantes. Otros le han precedido como el Maestro Arturo Pavón –que sentó y dignificó el flamenco de los gitanos, a categoría superior y cuya obra ha sido estudiada por estas otras generaciones posteriores- o Felipe Campuzano, dentro de esa nueva generación de pianistas posteriores a Pavón, entre otros. Pero en ninguno de ellos observé ni detecté lo que con Dorantes, que ha sido discípulo de Pavón como muchos otros o, al menos, se han mirado en los estudios de Pavón para desarrollar su propio estilo. El resultado de su segunda visita fue escalofriante, novedoso y mágico. Para la segunda parte, Jazz San Javier nos tenía preparado, cómo no, el contraste. La voz de la compositora, cantante y pianista norteamericana Melody Gardot, cuyo staff llevaba dos días ubicado en el exterior del auditorio en el Parque Almansa. Gardot dejaría en esta su primera visita a San Javier un concierto que desde mi punto de vista fue de menos a más. Probablemente como ha sido su vida, desde aquel desgraciado accidente hace más de una década, en el que casi pierde la vida por unas extrañas circunstancias del destino que le llevaron a ser arrollada por un camión mientras paseaba en bicicleta. Pero antes de seguir con Melody Gardot, les cuento con detalle el concierto de Dorantes y García-Fons con Esperanza Fernández y Javier Ruibal Jr., en la batería.


El contrabajista francés de origen español, Renaud García-Fons, utilizando su gran técnica del arco que asombró a propios y extraños.
Como les indiqué unos renglones más arriba, la primera vez que vi y escuché en directo un concierto del pianista David Peña Dorantes quedé gratamente impresionado. Su escalofriante ductilidad para crear música deja una percepción de que esto es fácil de llevar a cabo que momentos después, te das cuenta de la escasa o poca aptitud que uno tendría para llevar a cabo lo que hace Dorantes con el piano. De sus manos surgen multitud de notas que recorren rápidamente las 88 teclas de su piano. Es, como indiqué, una mente libre en la que caben todas las tendencias que puedan casar con el flamenco y éste con aquellas. Por ello, su música no puede catalogarse, en algunos momentos, ni como jazz ni como flamenco. Y está llevando este instrumento a unas cotas hasta ahora inalcanzables, como el gran Paco de Lucía hizo con la guitarra.

David Peña Dorantes y Renaud García-Fons, en el comienzo de su concierto.
Dorantes es pasión e inteligencia; libertad y versatilidad. Las ideas para la música fluyen en él de una manera natural a borbotones, pero con orden y sosiego dándonos un resultado grandioso, con poderío y muy innovador. Y la primera prueba de lo que les afirmo nos llegó con “La promesa del alba”, unas rondeñas en las que el pianista y su compañero de viaje en este “Paseo a Dos”, Renaud García-Fons en el contrabajo, conjugan a la perfección dos instrumentos que hacen brillar, cada uno de ellos, con luz propia. Nunca, antes de esta noche, vi a ningún contrabajista manejarse con el arco de la manera que lo hace García-Fons. En esta primera pieza, nos dejó a todos boquiabiertos cuando le veíamos –y escuchábamos- evolucionar con esa aparente facilidad con la que deslizaba el arco sobre las gruesas cuerdas de su contrabajo de cinco cuerdas.

Porque esa es otra. Renaud García-Fons interpreta con un contrabajo de cinco cuerdas cuando lo habitual es el de cuatro. Es un músico abierto, con una técnica sencillamente envidiable como así me lo hicieron saber algunos contrabajistas que asistieron al concierto. Esa técnica denota muchas horas y años de estudio, de prácticas hasta encontrar el sonido que hay en la mente del músico. Por lo tanto, la unión de dos singularidades así tenía que dar un resultado tan positivo y esclarecedor como el visto y escuchado en la noche del pasado sábado 23 de Julio, en el auditorio de Jazz San Javier.

Luego de la rondeña atacaron “Molto enrollado”, otro título de este su disco a dúo, en la que seguíamos apreciando por bulerías cómo dos exploradores de la música han llegado juntos a lugares donde otros aún no lo han hecho. El flamenco es la base, pero no la única tendencia que en estas creaciones se destilan en las que cada uno de ellos imprime sus conocimientos e investigaciones del instrumento. Dorantes rasga parte del arco de cuerdas con la derecha, mientras con la izquierda ejecuta los acordes que definen el camino de la pieza. Y García-Fons aborda su contrabajo, en algunos momentos, como si de un violín se tratara. Es una sencilla maravilla que continuó a lo largo de todo el concierto de regreso de Dorantes y sus compañeros de viaje, a la que ya considera como su casa levantina.

La cantaora Esperanza Fernández también regresaba con Dorantes, para interpretar varios cantes dentro del concierto.
Y llegó el momento de llamar a Esperanza Fernández, la cantaora gitana del barrio sevillano de Triana que lleva el flamenco en su cuerpo desde que vino al mundo. El caso de Esperanza Fernández Vargas (con esos apellidos no se puede negar que sea flamenca) va más allá de los cantes hondos, de la soleá. Se ha atrevido con muchos apartados de la música desde hacer un espectáculo con El Amor Brujo, de Manuel de Falla, hasta cantar con voces tan dispares como Noa o la desaparecida Myrian Makeba. Ha pisado escenarios de muchos lugares como Nueva York, Paris, Colonia (Alemania) o Brasil por citar unos pocos además de los españoles. Y se ha atrevido con música contemporánea, clásica, jazz… Es un portento de la voz femenina del flamenco que como sus compañeros en este concierto ha ido más allá de lo que era su marco natural. Una soleá  del disco Paseo a Dos titulada “El crisol de la noche”, en su parte de cante, fue su entrada en escena con la que la cantaora trianera dejó una primera tarjeta de visita que levantó al público de sus asientos para ovacionar al trío.


Javier Ruibal hijo, baterista y percusionista del Puerto de Santa María, que realizó tres piezas con una ejecución limpia y un alto conocimiento de su especialidad.
García-Fons llevó el peso de esta pieza en el resto de partes ya que su arco hacía las veces de la voz humana. La técnica empleada por el francés de procedencia española nos dejó a los presentes absolutamente inmovilizados y sumamente atentos a sus evoluciones, que en los 19 años de festival nunca antes habíamos presenciado algo igual. Sí recuerdo ahora el canto de las ballenas que imitó con el arco el contrabajista cubano Omar Rodríguez Calvo, miembro del Tingvall Trío, pero fueron unos pasajes en varias piezas. García-Fons utiliza el arco de manera habitual; se ha especializado en esta técnica, que pone en práctica con su contrabajo de cinco cuerdas haciendo del instrumento de acompañamiento un solista.


Llegados a este punto del concierto, Dorantes ejecutó una pieza de piano solo titulada “Ante el espejo”, de su disco Sin Muros editado en 2012 cuando su anterior visita a Jazz San Javier, en el que reiteró su amplísima visión musical además de su dominio y agilidad interpretativa con el piano. Luego llegaría el turno de Renaud García-Fons, con “Aqa Jan”, en la que hizo lo propio con el contrabajo y arco en otra demostración de cómo utilizar ese arco golpeando las cuerdas para sacar del contrabajo sonidos que nos situaban en otras latitudes más orientales, que finalizó golpeando las cuerdas y sacando, al tiempo, armónicos. Fue demasiado emocionante y enriquecedor para un público que está habituado a escuchar a virtuosos de manera habitual. Gran ovación del auditorio puesto en pié.
Esperanza Fernández regresó para interpretar una malagueña y un garrotín.

Nuevamente en el escenario Esperanza Fernández –a la que por cierto, Dorantes le hizo uno de sus discos en 2013- para cantarnos una malagueña, “Palabra de Ensueños”, de regreso al disco Paseo a Dos, y un garrotín: “Mar y Rayo”, del mismo disco. El público no desfallecía; antes al contrario, a cada nueva interpretación más admiración. Por cierto, que en ésta última ya se incorporaba el baterista Javier Ruibal hijo haciendo una demostración de sus amplios conocimientos y delicadeza al tocar su pequeño laboratorio percusivo.
Un joven baterista y percusionista del Puerto de Santamaría, que ejecutó tres piezas con una limpieza y maestría poco común. “Sin muros ni candados”, bulerías en las que éstas dejan paso a un torrente improvisador que se va por terrenos del jazz y “Barrio Latino”, ambas de Dorantes, en las que como su propio título señala nos sitúa en el entorno de la música caribeña con esas incursiones en el jazz latino. Premio final a un concierto que dejaba a un público absolutamente entregado y asombrado, ante el enorme intelecto y eclosión creativa e interpretativa de estos cuatro músicos, que en esta ocasión han liderado el pianista David Peña Dorantes y el contrabajista galo de origen español, Renaud García-Fons. El público pedía más y ellos concedieron, con otra pieza del disco “Sur” de Dorantes titulada “Caravana de los Zincali”, que puso un broche de brillantes a un concierto muy especial.

De izquierda a derecha, David Peña Dorantes, Esperanza Fernández Vargas, Renaud García-Fons y Javier Ruibal, al término del concierto.

La segunda parte de este sábado 23 de Julio, nos iba a deparar un decorado absolutamente opuesto con una voz que en mi opinión, nos dejó un concierto que fue de menos a más. Desde hace unos años vengo manteniendo que algunos cantantes o músicos (son los menos, pero los hay) llegan a Jazz San Javier creando un ambiente un tanto enrarecido. Los responsables o, al menos, los que dan la cara para dejar claro que ellos son los que mandan o pueden exigir son los denominados “road manager”. Por lo general suelen ser o norteamericanos o ingleses. Su proceder crea un ambiente tenso entre organizadores, fotógrafos y periodistas ya que al gran público estas cosas no llegan. Y no lo hacen porque –y aquí está lo curioso del asunto- cuando el artista aparece en el escenario del Parque Almansa comprobamos, ahora en una ocasión más, que todo ese halo maléfico del que se había rodeado no era tal. Y la pregunta es inevitable: Si el artista es así de amable y abierto, ¿por qué el "road mánager" crea tan mala baba entre los que tenemos que atenderles? A fecha de hoy, aún no he sido capaz de descubrir tal misterio. Pero a lo que vamos que es lo auténticamente importante: El concierto de la norteamericana Melody Gardot.

Melody Gardot dibujando un corazón, como queriendo indicar que era todo amor.

Con una gorra, gafas de sol rigurosas, vestido de tela y encaje gris oscuro tipo sayón, medias de rejilla y botines de tacón de aguja apareció en el escenario entre las primeras notas de “Same to you” (título de su último disco) Melody Gardot, que se enfundó su guitarra roja y acompañó la pieza mientras cantaba. El auditorio la acogió con una gran ovación (ya digo, ignorantes del mal ambiente previo que había creado su road mánager durante dos días) que la artista agradeció un tanto fría. Continuó con otro tema de su anterior disco del 2015 titulado “Bad news” (“Malas noticias”) creando, con la iluminación del escenario, un tenebroso ambiente rojo que en nada facilitó la labor de los fotógrafos a los que su “road mánager” dejó nítido que sólo podían hacer su trabajo desde el pasillo medio del auditorio (distancia considerable para primeros o medios planos), en las tres primeras canciones y, encima, con una iluminación como esa. Más adelante observarán que no dispongo de ningún testimonio gráfico del contrabajista ni del teclista debido a esas imposiciones y deficiente iluminación durante esas tres primeras canciones.
El público estaba al margen de estos detalles y se iba creciendo en simpatía con el paso del concierto hacia Melody Gardot, quien también iba comprobando que aquel público no era, tal vez, como se lo habían descrito. La cantante, compositora y pianista de Philadelphia fue animándose también y comenzó a desplegar, más aparentemente tranquila, sus esencias interpretativas y creativas a través de los temas que había preparado para Jazz San Javier en esta su primera visita. Así que sonaron piezas como "Mira", con claros aires brasileños, "You Don't Know What, "Goodbye", tema que tocó al piano y que nos situaba en un club nocturno, o su breve homenaje instrumental al recordado contrabajista Charles Mingus: "March For Mingus".
  
La sección de viento con esa iluminación casi imposible para captar los testimonios gráficos.
Dicen, quienes la conocen más que el que suscribe, que trasciende el jazz y que su estilo y voz es una de las más admiradas en la actualidad. Por ejemplo -y para que se hagan una idea, en el programa de mano se inserta una cita del diario francés Le Monde que indica: "Gardot es jazz, sin serlo, aún siéndolo"-, ciertamente, si escuchamos con atención, sus esquemas están dentro de las bases jazzísticas, pero se escapa de ellas con demasiada frecuencia aunque luego siempre regresa a ellas. . Más ejemplos de esta afirmación, con la que estoy bastante de acuerdo, fueron "Morning Sun", en la que me recordaba a otras cantantes de estilo parecido como Madeleine Peyroux, la propia Joni Mitchel en sus temas lentos como éste o a Patricia Barber, por citar algunas.

Charles Staab es el baterista del grupo.
Mitchell Long, el guitarra y voces, al que he tenido que publicar en blanco y negro debido a la escasísima calidad que se captó en color por la débil iluminación y excesiva distancia impuesta por el mánager de la cantante.
Luego continuó con "Our Love Is Easy", siguiendo con este tipo de baladas que mostraban a una Melody Gardot más romántica, "Baby I'm A Fool", "See Line" y finalizar con "Preacherman", otro tema más en los terrenos del rock aunque sin perder de vista esas bases del jazz. Los aficionados allí presentes arroparon con su calor humano a esta cantante de aspecto frágil y misterioso, que habla español a la perfección y en el que se expresó deshaciéndose en agradecimientos por esta acogida y atenciones de que había sido objeto (tal vez, para atemperar el mal rollo que su "road mánager" había creado previamente, insisto, con la organización, fotógrafos y periodistas que cubrimos informativamente este festival). Y el público le pidió más regresando al escenario e interpretando otra pieza de su más reciente disco titulada "It Gonna Come", que el respetable agradeció enormemente, no sin antes anunciar ella que en breves minutos estaría firmando discos y autógrafos (fotos incluidas) con todos los que así se lo demandaran. Y lo hizo; eso y mucho más en los camerinos con el protocolo del festival. Ya digo, atenciones y amabilidad por un tubo. ¡Qué cosas!

La siguiente cita la tenemos anunciada en el puerto "Tomás Maestre" de La Manga del Mar Menor, con un cantante y saxofonista londinense, Ray Gelato, que visita por primera vez el festival y lo hace dentro del ciclo paralelo de conciertos fuera de la sede habitual. Previamente, se cruzará la laguna saluda en barco hasta el citado puerto, escucharemos y disfrutaremos del concierto en un marco incomparable y regresaremos a La Ribera en el mismo transporte. Se lo contaré, porque la experiencia de seis años atrás fue muy agradable y positiva.


Las fotos son obra (gracias por tu esfuerzo esa noche) de Goio Villanueva.


Melody Gardot durante su concierto en San Javier.

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